Guía completa
Los frenos se gastan de forma muy distinta según el uso. Un coche que hace casi todo su recorrido en los semáforos del centro y en los accesos a los centros comerciales consume pastillas mucho antes que otro que pasa la mayor parte del tiempo en la A-5. Por eso no damos nada por supuesto: medimos.
¿Qué te está avisando tu coche?
Un chirrido agudo. Muchas pastillas llevan una pestaña metálica que roza el disco cuando queda poco material. Es un aviso para venir pronto.
Un temblor en el volante o el pedal. Suele ser el disco, que se ha deformado por el calor. En Badajoz, con temperaturas muy altas en verano y frenadas fuertes al llegar a una rotonda, no es raro.
Un pedal que se hunde más. Aquí no hay que esperar. Puede ser aire o humedad en el líquido, o una pérdida en el circuito.
Una luz en el cuadro. Puede ser el sensor de desgaste, el nivel de líquido o el ABS. Lo leemos y te decimos cuál es.
Pastilla y disco no siempre van juntos
Hay talleres que cambian disco cada vez que cambian pastilla. Nosotros miramos el grosor y el estado de la superficie. Si el disco está por encima del mínimo que marca el fabricante y no tiene escalón ni alabeo, puede seguir. Si no, cambiarlo es lo correcto, porque una pastilla nueva sobre un disco gastado frena peor y dura menos.
El líquido, el gran olvidado
El líquido de frenos se renueva por tiempo. Con los años absorbe humedad y, cuando se calienta mucho, puede formar burbujas que dejan el pedal sin tacto. Lo comprobamos siempre que el coche entra por frenos.
Al terminar
Probamos el coche en marcha y te explicamos qué se ha cambiado. Durante los primeros kilómetros, frena con suavidad para que las pastillas nuevas asienten bien.