Guía completa

La sonda lambda es un sensor pequeño que va roscado al escape y le dice a la centralita cuánto oxígeno queda en los gases. Con ese dato el motor decide cuánta gasolina o gasoil inyectar. Cuando la sonda se hace mayor, sigue funcionando, pero contesta tarde, y eso se nota en el bolsillo antes que en el cuadro.

Un sensor que trabaja al rojo

Va pegada al colector, donde el escape alcanza temperaturas muy altas. Con los años y los kilómetros, sobre todo en coches que hacen mucha carretera entre Badajoz y Mérida o Sevilla, se va degradando. En coches que solo hacen ciudad, el hollín de los trayectos cortos también le pasa factura.

Lo que comprobamos antes de pedirla

  • Cómo oscila la señal con el motor caliente y a distintas revoluciones.
  • Si hay fugas en el colector, en la junta del escape o en la propia rosca de la sonda.
  • El estado del conector y del cable, que pasan cerca de piezas muy calientes.
  • Si la avería viene de la sonda anterior o de la que vigila el catalizador.

Cuando la rosca no quiere salir

En coches con muchos años el calor suelda casi la sonda a su alojamiento. Lo intentamos con calma y con las herramientas adecuadas para no dañar la rosca del escape. Si vemos que puede complicarse, te lo contamos antes de seguir.

Después del cambio

Borramos el aviso, damos una vuelta y volvemos a mirar los datos. Si la mezcla se corrige como debe, te entregamos el coche. Si no, seguimos buscando con lo que ya sabemos, sin cobrarte otra sonda que no hacía falta.